ABRAZO

Una chica de 18 años musulmana inicia una campaña contra la discriminación religiosa.

«La religión musulmana no tiene nada que ver con los atentados. Los que los cometen no pueden ser considerados musulmanes: ni siquiera saben rezar y muchos no han ido a La Meca, son personas vulnerables que han sido captadas por gente sin escrúpulos», explicaba Manal K., la joven de 18 años que quiso poner de manifiesto cuán lejos están ella y otros creyentes de su entorno, en Cartagena y en el resto de España, de esas personas, que «solo merecen la condena porque matan gente inocente que no tiene nada que ver con los conflictos de Siria. Y el Corán no permite los asesinatos».

A Manal los atentados que causaron más de 130 muertos en París hace once días y la psicosis que se vive en Bruselas le caen tan lejos como los bombardeos sobre el territorio que ocupa el régimen de terror del Estado Islámico en Siria. Ella vive y estudia en El Albujón, donde comparte su vida con su familia y sus amigos/as. Solo tiene 18 años, pero tomó la decisión de ponerse el velo que confiesa que lleva siempre, junto con un tupido vestido con falda hasta el suelo y salir a repartir abrazos entre la ciudadanía, en la Plaza del Ayuntamiento, en la de San Sebastián y en la Calle Mayor. «Ya estaba un poco cansada de que algunas personas se aparten, se cambien de acera o me eviten cuando me ven con velo», advertí, reivindicando la vestimenta que ella cree parte de su fe. «Es algo parecido a lo que es el luto para las personas cristianas en un entierro», explicaba. «Por eso he salido a repartir abrazos. No quiero que me confundan con una terrorista».

Una creyente más

La joven huye del protagonismo. «Me cubro la cara porque quiero ser una musulmana anónima que representa a todos los que viven aquí», explicaba durante su paseo por Cartagena. Junto a ella, dos amigas que profesan su misma fe, una con velo y otra sin él, anunciaban en sus pancartas que ‘El Islam no es igual a terrorismo’ y pedían un abrazo a quienes confiaran en una joven vestida como una creyente musulmana y que «no es una terrorista».

«Ni yo ni nadie de mi entorno entendemos la radicalización de quienes cometen los atentados. Por eso pedimos que no nos identifiquen con ellos, porque no tenemos nada que ver», aseguraba esta estudiante.

Solo unos pocos de los que ayer por la mañana se fijaron en ella desatendieron su oferta y pasaron de largo con mala cara y algún comentario poco favorable. La mayor parte de las personas que se detuvieron a leer las pancartas se brindaron a darle cariño y ánimos para su causa

«Un grupo de manzanas podridas, por muy grande que parezca, no puede hacernos pensar que todas lo están. Es injusto que eso tengan que pagarlo todos», según Casilda Ríos, maestra de enseñanza de adultos, que dio un fuerte abrazo y transmitió su apoyo a Manal. «Todos/as tenemos miedo, pero debemos usar la razón y saber distinguir», razonaba.

Otros abrazos iban seguidos de una posición más crítica. «Es una gran equivocación discriminar a estas personas», decía Fernando Melero, un exempleado de banca que quiso pedirle no obstante a Manal y sus amigas que «los/as musulmanes/as hagan más esfuerzos por integrarse en las costumbres occidentales, para poner distancia con quienes se radicalizan».

Defensa del velo

«Yo he nacido en Cartagena, soy española y reivindicó mi libertad para hacer el ayuno en Ramadán, para rezar cuando lo dice mi fe y para llevar el velo, entre otras cosas que me pide mi religión», indicaba Manal. A su juicio, «todas esas prácticas se pueden integrar perfectamente en una vida occidentalizada».

La campaña de Manal no ha acabado. Al menos eso pretende. «Quiero que se organice una manifestación, abierta a musulmanes/as y a cristianos/as, a inmigrantes y a personas de aquí, para demostrar que todos/as somos iguales, aunque nuestras costumbres y religiones sean distintas. Pero aún tengo que informarme de cómo se hace», reconocía con desparpajo.

FUENTE: E. R. K. http://www.laverdad.es/murcia/cartagena

 

La imagen es de http://www.laverdad.es/murcia/cartagena

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