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La rehabilitación del Palacio Consistorial y su historia

La Casa de los Cartageneros

El Palacio Consistorial de Cartagena ha abierto sus puertas tras una larga rehabilitación que ha dotado al edificio con la tecnología del siglo XXI y le ha devuelto la majestuosidad que tenía a principios del siglo XX.

Las obras han proporcionado a su estructura la solidez que no llegó a tener en el momento de su construcción, que comenzó en mayo de 1900 sobre el solar que ocupaba la anterior sede municipal.

El edificio, obra del arquitecto municipal Tomás Rico, se entregó a finales de 1907, después de un proceso accidentado, discrepancias con la empresa constructora y sin que se hubieran solucionado los defectos constructivos que, sumados al paso del tiempo y a permanentes reformas, lo llevaron a un paso de la ruina.

Cimentado con pilotes de madera sobre terrenos ganados al mar, fue inestable desde su construcción y sufrió una serie de movimientos en cadena que dañaron su estructura y provocaron la apertura de las cubiertas.

En cien años de uso cambiante se suceden las adiciones y modificaciones, que desfiguran el proyecto original y restan dignidad y espacio a las dependencias de trabajo.

Los daños más evidentes son las grandes grietas verticales que cortan el edificio en tres partes, pero también son preocupantes los desperfectos en las cubiertas, en permanente reparación para evitar goteras.

Durante esta centuria el deterioro se extiende a todos los elementos del edificio: pavimentos y maderas levantados, mármoles dañados, escayolas agrietadas y servicios obsoletos que discurren sobre paredes y elementos nobles. Para colmo de males, una limpieza inapropiada erosionó los elementos exteriores de la fachada.

LAS OBRAS DE REHABILITACIÓN

Todas estas alteraciones y daños componían el complicado reto que era necesario encarar cuando, en octubre de 1995, se aborda su rehabilitación.

La primera fase de las obras tuvo como objetivo reforzar la cimentación. Para ello, durante un mes se estuvo inyectando hormigón bajo el edificio para conseguir estabilizar su movimiento y afianzar su estructura.

Para franquear el paso de la maquinaria fue preciso levantar suelos, demoler algunos tabiques y agrandar los huecos de las puertas.

La obra, financiada por el Ministerio de Fomento, se emprende en su segunda fase en noviembre de 1999, siguiendo el proyecto del arquitecto Juan Antonio Molina. Prolongadas durante más de siete años, la ciudad de Cartagena sigue en muchas ocasiones con preocupación la marcha de unas obras técnicamente complejas y no siempre entendidas socialmente.

Durante las obras se descubre que la estructura del edificio se encuentra en un estado alarmante que hace peligrar la estabilidad y la seguridad del edificio. La empresa adjudicataria paraliza los trabajos en agosto de 2001 y se inicia un proceso de rescisión del contrato.

Fue preciso ejecutar obras urgentes de estabilización antes de reemprender el trabajo con un nuevo proyecto, una nueva empresa y un presupuesto de más de 6.400.000 euros, un 60% más alto que el presupuesto inicial.

El mayor y más complejo de los problemas del Palacio es el refuerzo estructural. Los forjados y pilares se encuentran al borde del colapso y es imposible reforzarlos. La solución que se decide es realizar un vaciado interior general para sustituir los forjados. Se hace preciso demoler estructuras y desmontar para su recolocación centenares de elementos: escayolas, pavimentos, carpinterías, zócalos y todas las piezas que estén unidas a suelos y techos.

El nuevo forjado se utiliza para, literalmente, atar las tres fachadas a la estructura interior de edificio. Se trata de una operación delicada que debió realizarse por fases y con enormes cautelas para evitar daños en el edificio. Las piezas desmontadas fueron puestas en manos de artesanos expertos en diversas disciplinas.

De esta forma, las obras se convirtieron en un complejo conjunto de talleres de restauración de escayolas, zinc, maderas, cerrajería, lamparería, cristalería y mármoles.

El desmontaje de algunas piezas resultó especialmente delicado y requirió un minucioso proceso de recuperación, como el de la Alegoría a Cartagena que decora la Alcaldía. Otras piezas deben ser recuperadas in situ, como las lámparas del Salón de Plenos.

El edificio consolidado estructuralmente va poco a poco recuperando su estado inicial. Se colocan las instalaciones, nuevas redes eléctricas y de climatización.

Al palacio se le dota de un sistema nervioso del siglo XXI, una compleja red de datos que permitirá enviar y recibir datos, sonido e imagen, prácticamente, desde cualquier dependencia.

Una nueva tabiquería permite volver a compartimentar el edificio para sus nuevas necesidades, generando siempre grandes estancias que restablecen el espíritu con el que el edificio fue concebido. Se recolocan las tejas originales donde es posible, donde no, se restauran las cubiertas con piezas vidriadas similares a las primitivas.

Hubo también que restaurar las cresterías, y se rehicieron las cúpulas que coronan el Palacio, tanto su estructura de madera como el acabado de zinc que las recubría, que se encontraba totalmente destruido por la proximidad al mar y el paso del tiempo. Se restauraron las ventanas originales de madera y, se instaló un nuevo pavimento con un mármol Macael, con la misma disposición y dimensiones que el original, pero con mayor espesor.

Los pavimentos de parqué, imposibles de recuperar, se rehacen con los diseños originales, al igual que los zócalos de mármol. Se restauran los falsos techos de escayola, recuperando todos los adornos y molduras que los recubren. El edificio va recuperando su esplendor.

Siguiendo los criterios de la Ley de Patrimonio, las nuevas intervenciones se diferencian formalmente de los originales, integrándose en su diseño con formas y materiales contemporáneos. Se dota de ascensores, servicios, nuevas dependencias, según las necesidades establecidas por la distribución de usos.

En la última planta se sitúan oficinas destinadas a los grupos municipales. En la segunda se emplazan los servicios de Prensa y Protocolo, los servicios de apoyo a la Alcaldía y seguimiento de plenos.

La fachada es objeto de una cuidadosa limpieza que logra hacer que el mármol y el granito recuperen los matices y colores borrados por los años. En el interior, un colorido palaciego va dando el toque final al edificio y las zonas nobles vuelven a aparecer como el día de su inauguración, como si no hubiesen sido tocadas.

El edificio aparece más espléndido que nunca, mejor que cuando fue construido. Recuperado para la Ciudad como monumento y como símbolo, recuperado para la historia.

©Ayuntamiento de Cartagena (España)