Raúl Vacas Polo nace en Salamanca en 1971. Licenciado en Ciencias de la Información y Diplomado en Educación Social. Raúl ha desempeñado labores de edición, animación y gestión cultural y ha colaborado con diversos medios de comunicación y revistas literarias. En la actualidad coordina e imparte talleres de escritura creativa (presenciales y on line), en colaboración con Centros de Profesores y Recursos, Bibliotecas e Institutos. Ocasionalmente prepara exposiciones de Poesía Visual.
"Raúl Vacas es una de las voces más interesantes de la poesía joven, y un tipo apasionante en el cuerpo a cuerpo, un verdadero creador y potenciador de inquietudes. Su poesía es sorprendente, pero también fascinante, de lo más próximo al corazón nuevo que conozco", dice Gonzalo Moure.
ObraHa obtenido los premios de "Letras Jóvenes de Castilla y León" en la modalidad de poesía (en los años 1996, 1997 y 1998) con las obras Confieso que he fumado, El calor de los labios a solas y El imán de la muerte, y el Premio de la Academia Castellano-Leonesa de la Poesía con el libro Proceso de amor.
En 2003 publicó la plaquette Corte y Confección junto con Isabel Castaño, su mujer. Posteriormente publicó Al fondo a la derecha (una recopilación de artículos de opinión publicados, bajo el seudónimo de "eltipaco", en el semanario Tribuna Universitaria) y el libro de poemas Consumir preferentemente, en la editorial Anaya.
Poética
Creo en el poema, como creo en las ninfas azules sin dolor de ovarios, en los cíclopes que se emborrachan los domingos, en los cachorros de pantera y en el país de las corbatas.
Abro cada poema, como un higo maduro, para tratar de adivinar las cosas que no dicen, merodear en sus envases térmicos las huellas y las sombras, el semen de los sueños, la sangre y la cerveza bombeadas noche a noche.
Porque resulta que escribir es capturar, desinfectar, diagnosticar, descifrar y autopsiar todo cuanto está en el límite de nuestros ojos, oídos, labios o tacto, las únicas posibles coartadas para el engaño de las musas, las herramientas que dan forma a una palabra o una lágrima o un beso rojo de mujer. Y aquí no hay fórmulas de agua o mecanismos de reloj que expliquen cuanto pasa. Como tampoco existen muchas veces en la epilepsia de escribir. Tiene razón Antonio Piedra: "la poesía es un proyecto más que una definición y emerge en la conciencia del poeta como un iceberg del que ignoramos volumen y desplazamiento". Sólo sabemos que es real como la muerte misma y que nos salva y nos condena al mismo tiempo.