La trimilenaria ciudad de Cartagena está situada en un medio físico de influencia mediterránea y es capitalidad de un término municipal de la provincia de Murcia, constituida por Ley Orgánica 4/1982 de 9 de junio en Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, en cuyo territorio según el censo de 1 de enero de 2002, se asientan 187.905 habitantes (93.783 hombres y 94.122 mujeres), articulándose actualmente en 23 diputaciones y la zona denominada Casco (Centro Histórico), o entidades de población según la terminología estadística.
La identidad del territorio y sus habitantes se ha forjado a través de un proceso evolutivo de plenitud cultural, por el paso de distintas civilizaciones. Cuando hablamos de Cartagena es preciso delimitar si estamos refiriéndonos a la ciudad histórica, al municipio, su campo o comarca natural e incluso a la diócesis. En nuestro caso es el municipio nuestro campo de atención y específicamente sus actuales diputaciones: El Albujón, El Algar, La Aljorra, Alumbres, El Beal, Campo Nubla, Canteras, Escombreras, El Hondón, El Lentiscar, La Magdalena, Los Santos Médicos, Miranda, La Palma, Perín, El Plan, Pozo Estrecho, Los Puertos, Rincón de San Ginés, San Antonio Abad, San Félix, Santa Ana y Santa Lucía, topónimos muy antiguos, donde se manifiestan las tradiciones e historia que conforman la general del territorio, que no sólo es preciso preservar sino que es enriquecedor ahondar en ellas. A efectos de población en ellas residen el 67´54% de la población, aunque bien es cierto que con una distribución muy desigual, que oscila entre los 0´047% de Escombreras y los 20´85% de San Antonio Abad.
Las tradiciones populares, habla, gastronomía, trajes, costumbres y creencias, de cada una de las diputaciones, que en si misma pueden parecer un hecho diferencial, en conjunto constituyen un área geográfica multiforme que abarca zonas agrícola, minera y marinera, de la que Cartagena es centro, y aún se extiende más allá para conformar una variada y rica comarca.
Cartagena rica en testimonios prehistóricos, ibera, celta, fenicia, griega, cartaginesa, romana, bizantina, visigoda, islámica, castellana, de los austrias, republicana y borbónica, conserva desde las entrañas hasta la superficie donde actualmente se asienta restos monumentales que nos permiten revivir a las sociedades que nos precedieron.
El puerto cerrado a todos vientos y encubierto, como lo cantara el inmortal Cervantes, hoy y siempre centro de la vida económica y social, con el mar de Mandarache convertido en Arsenal Militar y la ensenada de Escombreras como base de un potente asentamiento industrial, hacen de Cartagena el núcleo más importante de la Región.
En la muy noble, muy leal y siempre heroica ciudad de Cartagena, cuyo centro histórico es abrazado por restos de los cinturones de piedra que la ciñeron en diferentes épocas, emergen en su interior las colinas de Concepción, Molinete, San José, Despeñaperros y Montesacro, mudos testigos de su pasado, y en el exterior las alturas de Galeras, Atalaya, Moros y San Julián, quedan coronadas por sendas fortificaciones.
Tras la conquista por el infante don Alfonso en el año 1245 Cartagena contará el 16 de enero del año siguiente, por concesión del rey Fernando III del Fuero de Córdoba, con un Concejo y jurisdicción sobre... Et todos los términos que son de Cartagena et deven seer, que non los de el sennor a otra parte, mas sean para los pobladores. Et montes et aguas, yerbas e caças et pesquerías, las que son del término de Cartagena que las ayan los vezinos de Cartagena..., lo que la convertirá en centro impulsor de la política africana y de la proyección económico-comercial de Castilla, por lo que se le otorgan otros diversos privilegios.
La delimitación de su término concejil otorgada y señalada por privilegio rodado de 4 de septiembre de 1254 del ya rey Alfonso X el Sabio dice que: ... ayan por sus términos aquellas aldeas et aquellos arrabales que son en el campo de Cartagena assy como parte del puerto de la mar de Val de Cuma, que viene por tierra que es de parte de Algaruín, et el alquería del Alhorra, que viene a aquella terra fasta el Albuxon, et el Albuxon parte el termino entre Murcia et Cartagena, et que por termino el Albuxon de Cartagena bien e complidamente desde estos lugares sobredichos fasta el Albufera... No obstante se mantendrá durante muchos años un largo pleito con Murcia para señalar los límites jurisdiccionales en Campo Nubla, que se resuelve a favor de Cartagena y le supone una ampliación hacia el Oeste de su territorio.
A finales del siglo XV se observa un uso cada vez mayor del puerto como base de expediciones marítimas, al ser una de las salidas naturales de Castilla al Mediterráneo y por lo abrigado de su dársena. Era entonces Cartagena una ciudad con unos mil doscientos habitantes, con estrecho perímetro pero muy importante al borde del Mediterráneo y frente a África, su situación era pues de vanguardia. Del puerto de Cartagena, que ya en el año 1492 había sido utilizado para el embarque de los judíos expulsados de España y en la primavera de 1495 zarpó de él una armada bajo el mando del almirante de Aragón, en enero de 1503 zarpan los bajeles de don Luís Portocarrero para la guerra de Nápoles. En este mismo año, tras una azarosa época de apetencias de la nobleza y la corona aragonesa, se incorpora definitivamente a la corona de Castilla por decisión de la reina Isabel la Católica, al revocar la merced concedida a don Juan Chacón. De su puerto zarpa también en 1505 una expedición a Mazalquivir y otra en 1509 para la conquista de Orán al mando del cardenal Cisneros.
A mediados del siglo XVI el emperador Carlos V, tras su estancia en el año 1541, atenderá a su fortificación, que irá experimentando las modificaciones que cada época demande como consecuencia de los cambios en la táctica y los avances en la técnica, dejándonos impresa la huella de la acción de las monarquías de los austrias.
Los testimonios del siglo XVIII son el resultado de la política borbónica y en especial de Felipe V y Carlos III. La ciudad que hemos heredado es un cúmulo de vestigios de esta época.
El siglo XIX puede ser denominado como el de los sitios, independencia, trienio liberal y sus posteriores secuelas, así como la guerra cantonal, dejan escaso espacio para el desarrollo de su economía y si muchas cicatrices en su fisonomía. No obstante es objeto de la visita real en diferentes ocasiones, tales como Carlos IV en el año 1802 que atraído por su fama y fascinado por tanta belleza llegó a decir: ¡Esto es una segunda Corte!; la reina Isabel II que en 1862 inauguró un ferrocarril todavía inconcluso con su partida a Murcia, embarcando en una estación provisional y circulando sobre una vía establecida con el mismo carácter; en 1868 el general Prim, tras su sublevación en Cádiz, elegirá el puerto de Cartagena en su periplo por el Mediterráneo sumando a esta ciudad al movimiento de La Gloriosa; el futuro rey Amadeo de Saboya iniciará su reinado entrando por nuestro puerto y en el año 1877 el rey Alfonso XII inaugurará las obras de un nuevo proyecto del puerto.
El siglo XX será preferente la atención real por nuestra ciudad y en el año 1903, nos visitará Alfonso XIII repitiéndola en 1907 para entrevistarse con el rey de Inglaterra e inaugurando la nueva Casa Consistorial y en 1913 para despedir al presidente de la República francesa; y dos veces en el año 1923, la última para inaugurar el monumento a los héroes de Cavite y Santiago de Cuba; cerrando esta prodigalidad la del año 1931 donde da comienzo a su largo exilio. La República y la guerra civil marcarán los años finales de la primera mitad del siglo.
En los primeros años del siglo XXI se hizo realidad el I Congreso Etnográfico del Campo de Cartagena que recogió estudios de muy diversa índole cuya exposición no dudamos marcará un punto de partida para sensibilizar a todos de la importancia de seguir avanzando en la vertebración de nuestro territorio para que todos sus habitantes se sientan protagonistas de un mismo destino.
Una última reflexión en un momento crucial en el desarrollo de la ciudad, que es muy similar al que vivieron sus habitantes a principios del siglo XX en que toda referencia giraba en torno al grito ¡Abajo las murallas!, para conseguir así una nueva delimitación funcional de la ciudad. Hoy, transcurridos cien años, buscamos el mismo fin en torno a la rehabilitación de lo que quedó de aquel derribo, que si no fue mucho, permite que el frente marítimo disponga de un hermoso paseo a dos niveles y además la recuperación en su entorno de los edificios del siglo XVIII para la Universidad Politécnica.
Resumen y fotos extraídas del libro "Los pueblos de Cartagena" de Juan Antonio Gómez Vizcaino