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El exdirector de la fábrica de Cerveza de El Azor y presidente de Honor de Club de Tenis recibe el homenaje de sus vecinos
Viernes 28 Agosto 2026 | Visto: 184 veces

El Ayuntamiento de Cartagena ha reconocido la labor de Antonio Tortosa López con la nominación de un parque en Punta Brava, enclave del Mar Menor del que el homenajeado es uno de sus primeros vecinos, desde 1960. El acto de nominación ha contado con la presencia de la alcaldesa, Noelia Arroyo, así como el propio homenajeado, de 95 años, familiares, allegados, amigos, los ediles Ignacio Jáudenes, Álvaro Valdés y Ricardo Segado; y el presidente de la Junta Municipal, Juan Manuel Ayaso. El espacio público se encuentra delimitado por las calles Pantano de Santomera, Pantano Alfonso XII, Pantano de Fuentes y Laguna de Peñalara.
La alcaldesa ha ensalzado el compromiso de Antonio Tortosa López con su comunidad y las playas del Mar Menor, y ha recordado que llegó a esta zona de Los Urrutias cuando aún no tenía siquiera el nombre de Punta Brava. "Quien siembra, recoge. Y hoy Antonio está recogiendo el cariño de los suyos con este reconocimiento". Fue el único alcalde pedáneo que ha tenido Punta Brava en su historia. Sufragó incluso señales de tráfico para las calles en los inicios de la urbanización. Participó en la compra de los terrenos para el Club Náutico de Punta Brava, siendo uno de los miembros de la junta que lo creó. Y trabajó para regenerar y cuidar la playa.
La asociación de vecinos ha sido la impulsora de este reconocimiento que ha contado con el respaldo de la Junta Municipal, la corporación local y numerosas adhesiones ciudadanas. Con la nominación de este parque se ensalza toda una vida. Antonio nació el 2 de junio de 1931 en El Palmar (Murcia); si bien, tiene una larga biografía al servicio de Cartagena, y como el mismo dijo es "100% cartagenero". En la memoria del niño queda el recuerdo de una posguerra de hambre. Su juventud cuidando fincas en Corvera, o haciendo recados para los destiladores o ayudando en la carga y descarga a los conductores que transportaban de la fábrica a las tiendas vinos y licores. Fue de esa manera, subido a un camión de Bodegas Bernal, como Antonio hizo su primer viaje a Cartagena, la ciudad de la que se enamoró a primera vista.
El homenajeado dedicó unas palabras tras el descubrimiento de la placa en el parque que lleva su nombre: "Si hoy tengo una satisfacción, que son muchas, es convivir con vosotros y con vuestra sonrisa. Y querer como os veo que os queréis todos".
"Siempre sacó tiempo para hacer cosas en favor de los demás, siendo precursor de la primera asociación vecinal, siendo un luchador por esta playa"; y "es una persona cuya trayectoria merece dar nombre a un espacio de convivencia de Punta Brava para que sea recordado siempre", destacaron tanto su hija María José Tortosa como el presidente de la asociación de vecinos, Juan Antonio Ortiz, respectivamente.
UNA VIDA DE TRABAJO, DEPORTE Y COMPROMISO CON LOS DEMÁS
Trabajó en la construcción de la fábrica de cervezas El Azor, llegando a ser responsable de fabricación en 1958, cuando salieron las primeras botellas. Fue precisamente en este año cuando se casó con Josefa Espinosa, “Ina”, vecina de infancia, amor de juventud y novia desde hacía años. Ina sería la madre de sus dos hijas y esposa, hasta su fallecimiento en 1997. Juan Bernal pensó que el nuevo matrimonio merecía vivienda en la fábrica, e Ina y Antonio se fueron a vivir entre El Almarjal y Torreciega, junto al lúpulo y la cebada. Además, durante años compaginó su trabajo en la cervecera con el de la empresa de extintores Areo-Feu que fundó junto a sus hermanos.
No solo trabajó Antonio en su vida, sino que también dedicó buena parte de su tiempo al deporte. Durante el servicio militar en Madrid fichó el Rayo Vallecano como defensa, cuando el equipo militaba en la tercera división nacional. Varias décadas después, Antonio quiso llenar el vacío del fútbol con una actividad compatible con sus horarios. Y así fue cómo dio con el Club de Tenis Cartagena, del cual es incluso presidente de honor. Empezó a jugar a finales de la década de los setenta y, como solía ocurrirle, trató de aportar ideas y trabajo para mejorar la institución. Presidió la escuela de tenis a principios de los ochenta y acabaron haciéndole presidente del Club en 1988. Fue vicepresidente de la Federación Regional de Tenis y mantuvo la presidencia de Cartagena hasta que decidió no volver a presentarse, en 1997. Durante su mandato, las instalaciones del club se modernizaron con obras como la construcción de vestuarios, el gimnasio y la casa para el conserje.
Antonio también había empezado a prestar su tiempo como voluntario a entidades sociales. Fue miembro de la Cruz Roja de Cartagena y colaborador de Cáritas. Su vocación de ayuda le hizo integrarse como voluntario en las peregrinaciones a Lourdes, donde empezó ayudando a embarcar y desembarcar a los enfermos de los trenes. Una vez más, el reconocimiento a su trabajo acabó llevándole a tener que asumir más responsabilidades tanto en la misión desde Murcia, como en Lourdes, donde le hicieron Jefe de Gruta y, por tanto, responsable de dirigir el paso de los fieles por el lugar más sagrado del santuario. La jubilación le permitió echar más horas en el club de tenis. Aunque el dominó y la charla fueran ocupando progresivamente más tiempo en sus actividades, Antonio siguió cogiendo la raqueta hasta los 80 años. Siempre ha tratado de mantenerse activo y esa vocación le llevó a ser alumno de una de las primeras promociones de la Universidad de Mayores de la UPCT, en cuyas aulas conoció a su segunda mujer, Meli Quesada, sanitaria y procesionista del Resucitado.